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miércoles, 3 de junio de 2020

¿Para qué sirve el sufrimiento?

Por Bárbara Mellado Venegas, licenciada en psicología. 
 En el transcurso de nuestras vidas vivimos momentos malos en donde la pena y sufrimiento se puede apoderar de nosotros y ciertamente es una de las emociones que suele ser bastante desagradable y que uno quisiera no sentir o no seguir sintiendo, pero te haz preguntado ¿para qué nos sirve la emoción de sufrimiento o pena? En el siguiente artículo les hablaré de ésta emoción tan displacentera y para qué nos sirve a través de nuestra vida.  

    Si retrocedemos a nuestros inicios de vida podemos darnos cuenta que desde pequeños el sufrimiento o pena aparece y es demostrado a través del llanto de un bebé, lo cual despierta la atención de la madre, quien, gracias a la empatía, acude a él para cubrir sus necesidades y ayudar a calmar al bebé. Posteriormente los niños crecen y cuando se caen, golpean o como padres los regañamos, ellos expresan su dolor y sufrimiento a través del llanto, llamando nuevamente a los padres para los cuidados y sostén emocional. A medida que pasan los años este sufrimiento va cambiando debido a las responsabilidades y sucesos imprevistos que ocurren en el día a día, pero ciertamente ya de adultos no llamamos ni esperamos a nuestros padres, si no que lo tratamos de afrontar solos porque nuestra madurez emocional se encuentra más desarrollada, gracias a las enseñanzas de los padres en la infancia.


    Lo cierto es que hoy en día nuestra cultura y sociedad nos obliga a reprimir estas emociones, construyéndola como una emoción mala que no se debe sentir porque uno debe estar siempre bien y feliz, ya que la búsqueda de la felicidad pareciera ser la más importante. Lo que sucede al reprimir ésta emoción, es que cada vez que nos pasa algo malo o grave en nuestras vidas, lo evadimos y negamos lo que ha ocurrido, guardándolo por decirlo así en una caja (que es nuestra mente) y en donde estas experiencias negativas se van juntando, hasta que en un momento esa caja se puede llenar, explotar y nuestra mente colapsar por no poder procesar todo junto, es por esto que suelen aparecer la angustia, ansiedad, crisis de pánico o somatización (dolores físicos con origen psicológico y no médico).
    Al contrario, si cuando nos ocurren estas situaciones dolorosas, vivimos este dolor y sufrimiento, sin reprimirlo y dejandolo salir, ya sea al llorar o estar deprimida un par de días, nos ayudará a luego de la emoción poder reflexionar sobre el suceso, a resignificar lo sucedido y poder verlo desde varias perspectivas, esto permitirá integrar lo sucedido y guardarlo en nuestra memoria emocional con imágenes, emociones y pensamientos integrados, ayudándonos a aprender de lo sucedido y muchas veces ayudándonos a no repetir patrones dolorosos en un futuro, en otras palabras guardarlo en una caja no reprimida, si no que elaborada y con tranquilidad, permitiendo conocernos a nosotros mismos, dándonos una visión más amplia de la vida y permitiéndonos la transformación constante de nosotros hacia el crecimiento personal y cuidado de nuestra salud mental.  


Entonces si volvemos al inicio de este artículo en donde el sufrimiento ayuda a aprender de la vida, como el caernos cuando pequeños y al llorar llamamos a la empatía de nuestros padres de apoyo, expresando completamente la emoción de pena y dolor, como adultos aún podemos seguir aprendiendo de la vida y de nosotros gracias a éstas experiencias, la diferencia es que ya contamos con más herramientas para afrontarla sin la necesidad de un otro, entonces ¿guardarás esa experiencia dolorosa sin elaborarla y sin ocupar las herramientas que hoy en día tienes?

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